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Dolores Guerrero – Actualizado 29/01/2012 09:04

La cantante malagueña convocó a los duendes del flamenco con un emotivo espectáculo.

Virtuosismo vocal, poderío y dominio escénico. Son los dones con los que Pasión Vega regaló ayer al público del teatro Maestranza una memorable actuación que trasvasó las lindes del recital con una exquisita puesta en escena.

Pasión Vega salió a escena con gesto humilde, paseando entre sábanas tendidas con un traje cuyo color se fundía con su piel. Y nada más comenzar nos encogió el corazón cantando sus recuerdos de tardes de azoteas en las que su madre tendía bajo el calor del sol y la brisa marina de su tierra malagueña. Y una a una fue quitando las sábanas mientras su canto crecía repleto de matices y melismas, mientras su voz nos envolvía de la misma manera que antes la habían envuelto las sábanas a ella para liberarnos, desde ese preciso instante, de cualquier atisbo de frialdad que pudiera empañar su entrega.

Porque si algo distingue a esta cantante es su generosidad y esa voz, potente y cálida donde las haya, que alcanza registros imposibles convirtiendo cualquier balada o canción ligera en un canto tan intenso y florido que remite a la hondura del flamenco, aun sin serlo. No en vano Pasión se reconoce a sí misma como una gran aficionada al cante. Tal vez por eso uno de los momentos más álgidos fue cuando llamó a Daniel Casares a escena para abordar el tema de El flamenquito que perdió sus tacones, una canción con aires de bulería ilustrada con el baile de Eduardo Guerrero, a quien la cantante no dudó en presentar como a “un bailaor que dará mucho que hablar”.

Pero antes de eso Pasión Vega se subió a una tarima para, sentada en un gran sillón de mimbre, viajar allende los mares rememorando los sones cubanos y haciendo su particular homenaje a María Dolores Pradera con una Fina Estampa repleta de florituras vocales que ya había derrochado en el tema anterior, Y sin embargo te quiero, una interpretación que convocó a los duendes flamencos gracias, es justo reconocerlo, a la complicidad de la cantante con los músicos, Jacob Sureda al piano, José Vera al bajo, Roberto Jabonero al violín y la bandolina, Vicente Climent a la batería y Paco Rivas a la guitarra, unos intérpretes excelentes que se merecieron que Pasión los presentara a bombo y platillo al final de su actuación.

PUESTA EN ESCENA. Cabe destacar la cuidada puesta en escena que, además de elaborar una perfecta combinación de los temas imprimiendo un ritmo escénico ascendente, delimitó un espacio escénico colmado de referentes. Para ello se sirvió de un entramado audiovisual que desgranó toda una gama de imágenes hermosas y significativas.

Fuente: elcorreoweb

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