El cantaor Juan Valderrama subió a las tablas del Gran Teatro Falla por primera vez para cantar sus ‘Sonidos blancos’

Maika Marín | Actualizado 27.11.2011 – 05:00

“Creo que me hice artista para venir al Falla. Esta noche espero que sea la mejor”. Si uno comienza un recital con estas palabras tiene garantizado la mitad del público en el bolsillo. Si, además, el público es el Cádiz más genuino el primer “Olé” o “Que bonito, hijo” aflora desde las últimas filas al segundo tema. Un público, con pinta de pagar su entrada, que ocupa casi la totalidad del patio de butacas, y palcos a todas las alturas; hasta alguna cabecita en anfiteatro. La edad, variada, pero con un buen porcentaje de mayores que te hace preguntarte si han venido a escuchar al hijo o al padre. Tampoco a él le importa; por el contrario se muestra humilde y orgulloso. Sabe del peso de su nombre y de esa cadencia de su voz que tanto recuerda a Juanito. “Gracias a la oportunidad que me da este festival de canción española”, que no deja de ser cierto. Mas de una persona en el público debió enterarse en ese momento que había un festival en Cádiz.

El tercer intérprete en solitario, de esta edición, que se estrena en el Falla. Juan Valderrama es un cantante y autor de música española y andaluza. Hace fusión, en español; ese término tan en boga que no necesita de esos anglicismos, que nos persiguen, aunque comparta letras. Un piano a doble techado, percusión y una guitarra flamenca -vaya guitarra la de Daniel Casares-, buenos músicos, y un estilo, el suyo. Debo reconocer que es el Juan Valderrama que mas me gusta: poesía y compromiso en las letras, buenos arreglos y esa voz inconfundible y llena de registros. Todo ello desde la sencillez. Aunque quizás un poco menos de volumen en los equipos habrían permitido a los de las primeras butacas escuchar sin sobresaltos.

Es de valorar esa incursión en el flamenco, en este caso ese retorno, que nos dejaba en el recital recreaciones de cantes por alegrías, farrucas, milongas, soleas o tanguillos. Con nuevos arreglos, a solas con la guitarra, con silla de anea y traguitos para calentar la garganta; al más puro estilo de “cuarto de cabales”. Y guiños al carnaval con letras de su autor favorito presente entre el público. Flamenco para todos los públicos. Pero también cantó para Sabina o a Serrat. La evolución que es necesaria para adaptarse a nuevos públicos, en fondo y en forma, para rescatar la tradición y hacerla formar parte del presente. A veces se torna como la única vía para mantenerla viva.

Juan juega con ventaja. Con más de una ventaja que sabe utilizar. Su herencia, sus recuerdos, sus vivencias, padre, madre, artistas, le permiten ofrecer una combinación ganadora: nostalgia, recuerdos y sentimiento que provocan algún suspiro en el patio de butacas. Sabe y ha vivido lo que es ser artista, lo que es el flamenco y la canción española, tiene casta y conoce el género. Y lo cuenta y lo comparte. Es un buen comunicador -es periodista de formación- que, con buena voz y dicción, conversa con el público, lo valora, lo alaba, lo hace reír. “Tu si que vales. Te digo una cosa, que pasas a la final”. No es de extrañar escuchar ésta y otras tantas lindezas. Contento estaba y se fue, no cabe duda.

No podían faltar fandangos, la evocación y la presencia de Valderrama lo hacía imprescindible; con caja y percusión. El Emigrante que compusiera su padre, tan oportuno en estos tiempos, despierta emociones. Aparece un atril; un tema que compusiera su padre y que habían montado un rato antes: el estribillo recoge el título de la canción “de toda Andalucía, como Cádiz, ni hablar…” El resto pueden imaginarlo.

Por cierto, nuestro concejal, el mismo, volvía a ocupar el palco de autoridades. Tendremos que salvarle, aunque sea a él.

Fuente: diariodecadiz.es

El cantaor Juan Valderrama, durante un momento de su actuación.

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